Ascensores y escaleras no son únicos obstáculos para discapacitados

Una acera sin rebajar, pavimento en mal estado, edificios con acceso únicamente medianteescalerasascensores averiados en el transporte público… Estos elementos molestos con los que conviven diariamente los más de seis millones de madrileños carecen de importancia para la gran mayoría, pero representan un enorme muro para las 235.000personas con discapacidad física y sensorial (con dificultades de movilidad, visuales y auditivas) que hay en la Comunidad de Madrid, según los últimos datos que maneja la Consejería de Asuntos Sociales.

La accesibilidad universal es un compromiso recogido por la administración regional en la Ley 8/1993, de 22 de junio, de Promoción de la Accesibilidad y Supresión de Barreras Arquitectónicas. Esta norma está desarrollada en el Decreto 13/2007, de 15 de marzo, que pretende garantizar que “las personas con algún tipo de discapacidad, puedan utilizar los bienes y servicios de la sociedad sin limitaciones causadas por la presencia de dificultades y accesibilidad“.

Pese al obligado cumplimiento de estas normas, en la región encontramos cientos de espacios y edificios de uso público que cuentan con barreras arquitectónicas que dificultan el acceso de las personas con discapacidad. “Los parques y las zonas de juegos infantiles y los edificios de uso público (instalaciones deportivas -sobre todo en el acceso y disfrute de piscinas-, hospitales, teatros, cines, colegios, algunos museos…) son los grandes elementos urbanos donde se plantean las mayores dificultades de accesibilidad“, denuncian desde la Federación de Asociaciones de Personas con Discapacidad Física y Orgánica de la Comunidad de Madrid (FAMMA).

Precisamente la accesibilidad universal en todos los edificios de uso públicos en los que sea viable debería ser una realidad en 2017, según figura en el texto refundido de la Ley de Derechos de las Personas con Discapacidad. “Esto no se va a cumplir. Hay una amplia mayoría de edificios en los que aún no se ha hecho nada. Esta situación no la vamos a consentir”, afirma Javier Font, presidente de FAMMA.

Pero no solo presentan inconvenientes los grandes espacios. También hay componentes del mobiliario urbano, como los bordillos sin rebajar, marquesinas inaccesibles, las aceras estrechas, las papeleras, señales y farolas mal colocadas que impiden el paso, los bancos sin respaldo ni reposabrazos o el pavimento en mal estado, que dificultan el día a día de personas con discapacidad. “Una de las principales problemáticas que nos encontramos en la ciudad son las obras. Por ley, deben ofrecer un itinerario peatonal alternativo accesible y respetar un espacio de paso de 1,80 metros. En casi ninguna de las obras que se realizan en Madrid se cumple con la normativa”, asegura el arquitecto Jorge Palomero.

A juicio de FAMMA el gran problema que presentan la mayoría de las administraciones madrileñas es que no ofrecen una información adecuada sobre las instalaciones de uso público: “Antes de salir de casa no sabes con lo que te vas a encontrar. Vas a los sitios sin saber si vas a poder entrar o no con facilidad. O si podrás utilizar el aseo”.

El transporte público es otro de los puntos en los que existen dificultades de accesibilidad. En el metro, de las 324 estaciones que componen la red del suburbano -incluido el metro ligero-, menos del 50% (150) son accesible universalmente, es decir, “comprensibles, utilizables y practicables por todas las personas en condiciones de seguridad y comodidad y de la forma más autónoma y natural posible”, según define el Real Decreto 1/2013.

“Hay estaciones, sobre todo las más antiguas, en las que es imposible actuar debido a que no se puede modificar su estructura”, explican fuentes de Metro, que destaca que 2/3 de las estaciones poseen ascensores y el 90% escaleras mecánicas. Las quejas de los usuarios van en otro sentido: “Hemos recibido infinidad de quejas porque muchas veces no funcionan ni las escaleras ni los ascensores“, aseguran desde FAMMA. Los autobuses de la EMT, por su parte, cumplen con los requisitos de accesibilidad, aunque carecen de canceladora de billetes en la zona de atrás, por la que entran las personas en silla de ruedas. “Lo hemos pospuesto hasta que esté completamente implantada la tarjeta sin contacto. Sí tienen canceladora los autobuses articulados”, señalan fuentes de la EMT.

Sin embargo, la mayor parte de las quejas que llegan a FAMMA corresponde a edificios particulares. Entre los meses de junio, julio y agosto, esta organización recibió 107 denuncias, de las cuales el 53% se referían barreras en comunidades de propietarios, el 32% en espacios de ocio y el 15% restante en transporte, colegios y otros.

La Comunidad de Madrid ha reducido en los últimos cuatro años un 67,74% el presupuesto para accesibilidad y la supresión de barreras arquitectónicas, según los datos que el Consejo para la Promoción y Supresión de las Barreras Arquitectónicas ha facilitado a FAMMA. En 2010, el Gobierno destinó 87.312.527 euros a la eliminación de barreras arquitectónicas, mientras que este año el presupuesto se sitúa en 28.163.645 euros. “Ha habido un retroceso en la inversión para la supresión de barreras inaceptable. Las ayudas para ascensores han sido eliminadas. Y para comprobar el deterioro de las ciudades solo hay que ver el estado de las calles, parcheadas y llenas de baches”, critica Javier Font.

Inocencia padece esclerosis múltiple desde los 20 años, aunque le diagnosticaron la enfermedad 11 años más tarde. Desde entonces, esta exfuncionaria de la administración de justicia convive con una dolencia que le impide ser autónoma: “Siempre procuro ir con mi hijo o acompañada de alguien”. En su vida diaria, la primera barrera la tiene en la puerta de casa. “Tengo que entrar a casa por el garaje porque el portal tiene un escalón”, explica.

También se encuentra con obstáculos en el transporte público: “No tengo ascensor en el metro de casa (Ibiza). Suelo utilizar el autobús, aunque algunas veces las rampas están estropeadas”, denuncia Inocencia, quien asegura que siempre intenta buscar “supermercados y farmacias en los que puedo entrar y moverme con facilidad”. “No me voy a morir de hambre”, bromea. La mayor parte del día la pasa en un centro donde recibe terapia ocupacional y sesiones de fisioterapia, entre otros.

En su tiempo libre le encanta dar paseos por el Retiro, aunque el trayecto por Menéndez Pelayo se le hace un poco complicado: “Está lleno de baches. He llamado al Ayuntamiento para que lo arreglen, pero me han contestado que en estos momentos no tienen dinero para hacerlo. Otras deficiencias que he denunciado sí las han arreglado”.

Fuente: 20minutos.es

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